Pétula, aquella niña cuyo peso excedía los 183 kg, por no saber mascar chicle se fue directa a probar si sabría hacerlo con un bordillo.
Con tan buena suerte que se le adelanto su propia frente.
A la mañana siguiente no basto con hidroxidoclorídrico, sino que al día hacía uso de 7 botellas de sulfatodesodiopotásico para su limpieza.
Menos mal que no perdió las pestañas.
Ahora piensa abrir una empresa de exportación al por mayor de gasas semidesinfectadas con marca reg., firma y personalización olfativa en su diseño.
Pronto estarán en el mercado.
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